Exigentes, comunicativos, no omiten ni callan nada (excepto lo que les pueda resultar delicado personalmente o diferente, por no pasar vergüenza ante sus iguales, en el grupo). Viven en un mundo que les permite hablar porque han nacido en plena democracia y son conscientes de ello, protestan si es necesario, opinan.
Luego hay un concepto excesivo de la vida (y la cultura) como espectáculo, se vive por y para el ocio y esto se manifiesta de una manera gráfica y visual en las redes sociales de Internet: los contenidos que escriben, las fotografías que cuelgan en sus perfiles y muros, los enlaces favoritos, la opción de clicar el "me gusta o no me gusta", etc.
Lo tienen todo -toda la información del mundo- pero algunas veces parece que no saben utilizarla o se malinterpreta. No saben discriminar entre toda esa información recibida, lo que realmente merece la pena, lo que es serio y profundo de lo que no es.
El peligro es que se transformen en personas cómodas.
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